lunes, 7 de abril de 2014

El amor y las faltas de ortografía


El cumplimiento de las normas ortográficas es posible en personas que también pueden cumplir con otras normas: puntualidad, tránsito, conducta, respeto. Por lo tanto, ante el incumplimiento de las reglas ortográficas podemos pensar que también existen otros incumplimientos.

Los seres humanos somos coherentes. Quizá puedo afirmar que todos los seres vivos somos coherentes... porque la coherencia no es otra cosa que la armonía existente entre las diferentes funciones biológicas, sin la cual la vida sería imposible.

Por lo tanto, los humanos siempre somos coherentes mientras estamos vivos. Fallecemos solo porque perdemos la coherencia, la armonía, la afinidad funcional.

Es gracias a esta coherencia que podemos sacar algunas conclusiones a partir de ciertos datos. El siguiente ejemplo es el motivo central de este artículo.

Cuando señalamos que alguien tiene muchas faltas de ortografía podemos pensar que es descuidado, olvidadizo, rebelde, ignorante, transgresor.

La gramática es el conjunto de normas que regulan nuestro lenguaje. Este funciona colectivamente en tanto podamos cumplir algunas leyes. Si cada uno actuara con independencia de los otros hablantes no podría entenderse con los demás, quedaría incomunicado, aislado.

Este aislamiento puede ser penoso o placentero. Si bien somos animales sociales, gregarios, integrantes naturales de grupos, familias, afiliaciones, religiones, naciones, a veces necesitamos o preferimos estar solos, apartarnos de la manada.

En este caso decimos que esa soledad está provocada por el narcisismo, es decir, por un amor especial a sí mismo, reforzado por el desinterés especial a todos los demás.

Por lo tanto, en las relaciones humanas, si bien podemos escribir y hacernos entender teniendo en cuenta solo la fonética de las palabras, el respeto a la ortografía permite pensar que esa persona, dado que es coherente, muy probablemente también sea sociable, admita las normas de convivencia, respete a los demás, los tenga en cuenta, pueda amarlos, ser puntual para llegar en hora a las citas y también para pagar las deudas; muy probablemente también pueda respetar los reglamentos de circulación por calles y carreteras, ser confiable porque dice lo que piensa, sepa comportarse adecuadamente en diferentes situaciones: viajes, fiestas, trabajo, estudio.

Estos pocos ejemplos nos permiten entender por qué, si alguien no logra respetar las normas ortográficas, está informando una importante variedad de carencias en el desarrollo de su personalidad, que van mucho más allá de ese pequeño detalle de incluir una letra h aunque no suene, o de elegir correctamente las letras c, s, x o z, aunque provoquen sonidos casi iguales.

 (Este es el Artículo Nº 2.159)


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