viernes, 1 de octubre de 2010

Martillazos fuera del clavo

Casi todos estamos enterados de que nuestro planeta padece una crisis energética.

Dicho de otro modo:

sabemos que el petróleo que consumimos diariamente, no se renueva;

sabemos —por experiencia propia—, qué ocurre en nuestros hogares cuando se nos termina el combustible; y

sabemos que nuestra calidad de vida caerá estrepitosamente cuando la carencia sea global.

En otros artículos he mencionado la hipótesis de que la naturaleza, se vale de provocarnos dolor y alivio para que el fenómeno vida no se extinga.

Algo que hacemos, estimulados por estas agresiones de la naturaleza, es preocuparnos, con lo cual nos aumenta el estrés, el miedo, la angustia, y todo esto aumenta el dolor que la naturaleza nos provoca sin pedirnos autorización.

Es decir, lo que hacemos para evitar el dolor, es agregar más dolor.

Esta actitud contraproducente está provocada por nuestra creencia (anhelo, deseo) de que podemos gobernar la naturaleza y terminar de una vez por todas con esta mortalidad de la que, hasta ahora, no se ha salvado nadie.

Para tener el dinero necesario que nos permita acceder a una calidad de vida digna, los humanos consumimos energía, que reponemos respirando, durmiendo, alimentándonos.

La eficiencia de nuestro desempeño depende de lo que podamos ganar con nuestro trabajo. O sea, somos eficientes si ganamos lo necesario con la energía corporal que consumimos.

Por ejemplo, si un carpintero clava un clavo con un solo golpe de martillo, es más eficiente que otro que gasta energía en dar cuarenta golpes, diez de los cuales pegan sobre el clavo y otros treinta, en lugares próximos.

Estos comentarios están acá para terminar diciéndoles que nuestra angustia por la crisis energética, está parcialmente provocada por nuestra actual ineficiencia laboral, es decir, porque sentimos no estar ganando lo suficiente con el esfuerzo que hacemos.

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