viernes, 2 de mayo de 2014

Por qué es tan difícil ganar dinero



 
Por lo que aquí les comento, el empobrecimiento es una situación mucho más normal que el enriquecimiento. Los hechos confirman esta conclusión: existen muchos más pobres (normales) que ricos (anormales).

Por culpa del estómago no podemos tener ingresos económicos más espaciados de lo que nuestra alimentación nos exige.

Si hoy ganamos dinero suficiente para los gastos del día, tenemos que pensar algo para resolver los gastos del día de mañana.

Nuestra vida tiene que organizarse de tal forma que podamos compensar una pérdida constante: diariamente tenemos que reponer las energías consumidas. Es un egreso imparable.

Una de las alternativas consiste en tener un ingreso de dinero grande para ir gastándolo dosificadamente.

Si cometiéramos el error de gastar en un día lo que cobramos esporádicamente, nos aseguramos que, cuando no tengamos ingresos, no podremos comer.

Por lo tanto, lo único que tenemos seguro es el egreso: si seguimos con vida tendremos hambre.

Esta seguridad del egreso, que contrasta con la inseguridad del ingreso, nos provoca un estado de ánimo especial: siempre tenemos la sensación que gastamos con facilidad y que ganamos con dificultad.

El instinto de conservación, en su tarea de orientar nuestra conducta para vivir el mayor tiempo posible, nos envía señales dolorosas y placenteras. En general, las placenteras no son otra cosa que el alivio de las dolorosas.

Subjetivamente también, ambas sensaciones son vividas con dramatismo en el caso del dolor y con relativa indiferencia en el caso del alivio del dolor (placer).

Si ambos fenómenos, (gastar y ganar), tuvieran la misma intensidad, seguramente percibiríamos con nitidez el esfuerzo por ganar y apenas nos daríamos cuenta del alivio obtenido cuando gastamos.

A su vez, el esfuerzo doloroso requerido para ganar dinero se nos presenta subjetivamente con mayor claridad que la gratificación obtenida cuando satisfacemos las necesidades o deseos acuciantes.

Con estos elementos podemos concluir que el dinero se gana con dolor y se gasta con placer, por lo cual, subjetivamente, tenemos más dificultad para ganar que para gastar.

Espontáneamente trataremos de evitar el sufrimiento y, por lo tanto, trataremos de NO ganar dinero. Asimismo, trataremos de aumentar los momentos de placer y, por lo tanto, trataremos de gastar dinero.

El resultado es el ya conocido: la administración de nuestros ingresos y egresos siempre estará presionada al déficit, al empobrecimiento, a gastar más de lo que ganamos.

Al observar todos los elementos acá reunidos, podemos decir que el empobrecimiento es una situación mucho más normal que el enriquecimiento. Los hechos confirman esta realidad: existen muchos más pobres (normales) que ricos (anormales).

(Este es el Artículo Nº 2.176)

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