sábado, 9 de febrero de 2013

La venganza del recién nacido



 
Un niño que no se sintió bien tratado en su primera infancia puede generar un adulto que se vengue de toda la sociedad.

No merece mucha fundamentación asegurar que los seres humanos somos vengativos.

Se dice que la gran revolución filosófica que propuso Cristo tenía algo que ver con este espíritu vengativo que engalana la psiquis de los humanos, generalmente tan orgullosos de su especie, capaces de despreciar a otras porque son tan estúpidas que no se toman venganzas terribles contra quienes las perjudicamos.

Un conocido soberano de Babilonia (Hammurabi – 1792-1750 antes de Cristo) creó un código en el que se estipulaba la normativa según la cual, «Ojo por ojo y diente por diente». Me refiero a la Ley del Talión.

Es increíble que en pleno siglo 21 se sostenga que esta Ley era cruel cuando no faltan respetables ciudadanos que son capaces de matar a quien intente robarle su vehículo.

La Ley del Talión no es otra cosa que la obligatoria proporcionalidad que se les exige a quienes actualmente se defiendan de cualquier ataque. Según esta Ley del Talión del actual siglo 21, sería esperable que si alguien roba tu vehículo, tú le exijas una indemnización similar al valor del bien y no mil veces mayor.

Y ahora me aparto solo aparentemente del tema.

La condición vengativa de los seres humanos podría ser la causa de que unas primeras experiencias de vida con la madre o quien hagas las veces, genere conductas agresivas inexplicables sin contar con el concepto “venganza”.

Si una madre tiene la particularidad de hacer esperar a su hijo, exponiéndolo a fuertes dolores por hambre, incertidumbre de abandono, angustia, porque ignora sus llantos de hambre, soledad, frío o falta de higiene, sería lógico que ese niño se vengue de todos nosotros pues fuimos representados por ella.

(Este es el Artículo Nº 1.774)

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