sábado, 5 de octubre de 2013

Las sociedades también necesitan ladrones


Las sociedades decidimos que algunos ciudadanos sean ladrones para tonificar la industria de la seguridad y protección de la propiedad privada.

Los ciudadanos de un país funcionamos como una familia, sólo que tenemos que pensar en una familia con millones de integrantes, lo cual le asigna atributos que no pueden deducirse a partir de cómo funcionan las familias de tres o cuatro humanos más una mascota.

En la gran familia tratamos de que cada pariente haga lo que más nos conviene para el resto. Para que lo haga con entusiasmo, y no nos cobre demasiado, aprovechamos que somos muchos para tratar de asignarle algún rol que le de placer, así, parte de su remuneración estará dada por la satisfacción que recibe al hacer lo que le gusta.

Por ejemplo, a los músicos tenemos que pagarles poco porque adoran la música y hasta trabajarían gratis; a los policías podemos pagarles poco porque se deleitan paseándose con un arma en la cintura; a los presidentes tendríamos que cobrarles por el placer que sienten poseyendo tanto poder.

En suma: en las sociedades tratamos de servirnos unos a otros, por el menor costo posible. En otras palabras: buscamos eficiencia.

Tanto la asignación de roles, como su aceptación por parte del ciudadano designado, no son muy claras, sobre todo en algunos casos.

Me referiré a un caso muy doloroso y es el caso de los delincuentes.

Los ciudadanos no queremos aceptar esa asignación de roles pues nos sentiríamos cómplices, malintencionados, culpables, pero hay elementos para suponer que hacemos esas designaciones.

Necesitamos a los ladrones para tonificar la gran industria de la seguridad. Muchos de nosotros, (policías, cerrajeros, herreros, investigadores, aseguradores), vivimos gracias a que la gente teme que le roben, pero además los designamos para que nos permitan soñar con que nosotros somos los honestos.

(Este es el Artículo Nº 2.023)


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